Las cardiopatías son las enfermedades más comunes en el estado español que provocan una discapacidad.
En concreto, las cardiopatías congénitas son enfermedades muy comunes susceptibles de ser valoradas
como una discapacidad. Será la valoración de la sintomatología asociada y sus limitaciones, las que
determinarán el mayor o menor grado de discapacidad reconocido y, consecuentemente, la obtención o no
del certificado de discapacidad.
Como axioma sabemos que la discapacidad no es sólo una condición de salud propia de la persona,
sino también el contexto social como factor determinante de la misma, es fundamental hacer visible
la enfermedad en todos los ámbitos de su vida.
¿Cómo se trabaja para conseguir esto?
En primer lugar la obtención del Certificado de Discapacidad, que va ligado a una serie de medidas
compensatorias establecidas por la Administración Pública para que las personas con este reconocimiento
puedan obtener algunas ventajas y beneficios sociales (fiscales, laborales, formativos, acceso a recursos,
prestaciones familiares, ayudas para transporte...)
Y este es el principio del camino...
Porque, aunque a día de hoy, casi la mitad de las personas con cardiopatías congénitas tienen concedido el
certificado de discapacidad (encuesta realizada por la Fundación Menudos Corazones), la discapacidad
orgánica sigue siendo bastante invisible a los ojos de la sociedad, y también a los ojos de la legislación.
En el colegio, en el trabajo, en los espacios de ocio, se siguen reproduciendo estereotipos que sitúan a las
personas con discapacidad en desventaja. Estigmas, prejuicios, discriminación, actitudes que arraigadas en
la sociedad deben modificarse a través de la legislación y, sobre todo, de la educación.
En el ámbito laboral, si el resultado de la valoración de la discapacidad permite que esa persona pueda
seguir trabajando, será necesario adaptar la actividad de la persona a su situación de discapacidad, sin
merma ninguna en sus condiciones laborales.
Sin embargo, si la persona tiene que cambiar de puesto de trabajo, debido a que es imposible adaptar el
que ya tenía a su nueva condición, se puede dar el caso de que la empresa quiera intentar un despido
argumentando que no hay ningún puesto para el que la persona sea “apto”. Entonces pasamos a un
escenario en el que lamentablemente muchas veces se llega a los juzgados.
En el ámbito escolar, es primordial que los profesionales educativos conozcan la afección de su alumno o
alumna para de esta manera poder ayudarle o saber cómo actuar si el niño o niña presenta alguna
complicación durante su estancia en la escuela.
Existe una lista de recomendaciones básicas dirigida a los profesionales de la enseñanza y a los centros
educativos, por ejemplo: “Si el alumno/a toma diuréticos es probable que necesite acudir con más
frecuencia y urgencia al baño. Si toma anticoagulantes, no debe participar en deportes de contacto”.
Por eso es fundamental que el docente conozca todos los detalles de la cardiopatía congénita de su alumno
o alumna: “La madre o el padre deben facilitarte toda la información necesaria sobre la cardiopatía y aportar
los informes médicos”.
Además, se debe concienciar al resto del alumnado sobre la situación de su compañero: “Es primordial que
sus compañeros y compañeras estén al tanto de lo que supone tener una cardiopatía”. Desde un punto de
vista educativo, afectivo y social.
De nuevo la invisibilidad
En el artículo 25.1 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales no se hace mención específica sobre la
discapacidad orgánica, si bien se habla de “estado biológico”, cuando se enumeran los tipos de
discapacidad, la ley solo se refiere a la discapacidad física, psíquica o sensorial. En este punto se debería
ser más riguroso mencionando específicamente la discapacidad orgánica.
https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1995-24292#a25
Las cardiopatías, congénitas o no, son las enfermedades más frecuentes que provocan discapacidades
orgánicas, y su colectivo es por tanto un grupo muy numeroso que no pasa desapercibido y que, por el
contrario, soporta injustamente el peso de la invisibilidad.
Nuestra sociedad debe tener la sensibilidad suficiente y necesaria para corregir esta situación, y aplicar la
visibilidad adecuada a esta discapacidad, tan frecuente, y tan “silenciosa”.







